La foto; ¿y por qué no?

¿Soy fotógrafo por hacer fotografías? ¿Qué significa realmente ser fotógrafo?
Cojo la cámara después de tomar el primer café de la mañana, la rodeo con mis manos recordando su peso, su silueta, el detalle de sus desperfectos y la textura del metal que la envuelve.

Entro en discusión conmigo mismo por las etiquetas que me cuelgan al centrarme en un genero de la fotografía. Tontamente, como muchas discusiones, no consigo entrar en acuerdo con las distintas ideologías que se enfrentan al hacer dicha fotografía, lo que significa que como en casi todas las ocasiones, me decanto por inspirarme en el momento que me rodea y las sensaciones que se me presentan insitu.

Reviso los vagos controles de una cámara que se priva con el privilegio de abstenerse a la tecnología, dando importancia al ojo que respira detrás de su mirilla.

Siento la fotografía como a una amante, con el morbo de la discreción, el descaro y las ideas perversas que me rodean al oler su cuerpo. Me dejo guiar por ella, abandonando de mí toda idea circundante, sintiendo que no soy nada sin ella. Dejo de lado las etiquetas puestas, las ideas de qué es bello y qué no, cómo agradar al espectador y qué hacer para ser recordado. Creo en la fotografía como una razón por la que sentir algo de lo más profundo de mí, sin la necesidad de dar explicación alguna.

Me presto delante del espejo, con una luz central que ilumina por lo alto mi rostro, las sombras se crean dando forma a mi silueta, que posa desnuda en medio de un vaho protagonista del momento encontrado.

¿Dónde está el horizonte de mi carrera? ¿Cuándo sabré realmente que mi vocación es la máquina que sostengo con temblor al posar enfrente de ella misma? ¿Realmente hallaré la receta del éxito y ahogaré mis penas en forma de prosa visual al tiempo que suspiro por imágenes encontradas y que dejan huella en el olvido?

Mi realidad es no tener el valor de enfrentarme a la verdad, hallar una vocación que se infla en tu estómago y te deja flotando a merced de vientos huracanados que dan pie a días soleados. Por miedo, por vergüenza, por estupidez mejor dicho. Cuántas veces me volveré a engañar pensando que tiene un final esta pérdida de tiempo que no ocupo con lo que realmente sueño. Puede que esta misma sensación sea causa de la visión que tengo, que sin este sufrimiento, que no arrebato, no tenga significado mirar a través de un objeto que apresa momentos descontrolados.

Encuadro utilizando de guía el marco del espejo, mantengo el pulso firme y dejo caer el peso en el disparador.

«Click».

 

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Andrea Diligenti.
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La foto; ¿y por qué no?

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