Continuamos con vida

Hay males extensibles a todas las personas, como la prisa. Resulta que existen muchos tipos de prisa: la del miedo a perder el autobús, la de llegar puntual al trabajo, la prisa por hacer el mayor número de tareas en el menor tiempo posible, la prisa por construir algo, por encontrarse, la que ansía conseguir todas las metas. Todos tenemos prisa, cada cual a su manera, y en el camino nos olvidamos de la paciencia que no es otra cosa sino la recreación en el paisaje, el viaje hacia Ítaca.

Anoche volvía a casa tras un largo día de trabajo. Sostenía entre las manos un libro de Octavio Paz, sentada en el último rincón de un viejo autobús, húmeda por el calor del motor y sintiendo el pulso cansado en la planta de mis pies, la pluma de las constelaciones eternas me hablaba de la prisa. Lo hacía de una forma que me pareció una confesión sincera y secreta escrita sólo para mi, narrada incluso a la orilla de mis oídos por mi propia de voz en boca de otro tiempo, de otro lugar pero, tal vez, bajo las mismas circunstancias.

Desde que abrí los ojos me di cuenta que mi sitio no estaba aquí, donde yo estoy, sino en donde no estoy ni he estado nunca. En alguna parte hay un lugar vacío y ese vacío se llenará de mí y yo me asentaré en ese hueco que invisiblemente rebosará de mí, pleno de mí hasta volverse fuente o surtidor. Y mi vacío, el vacío de mí que soy ahora, se llenará de sí, pleno de sí, pleno de ser hasta los bordes.

Tengo prisa por estar. Corro tras de mí, tras de mi sitio, tras de mi hueco. ¿Quién me ha reservado este sitio? ¿Cómo se llama mi fatalidad? ¿Quién es y qué es lo que aguarda mi advenimiento para cumplirse y para cumplirme? No sé, tengo prisa. Aunque no me mueva de mi silla, ni me levante de la cama. Aunque dé vueltas y vueltas en mi jaula. Clavado por un nombre, un gesto, un tic, me muevo y remuevo. Esta casa, estos amigos, estos países, estas manos, esta boca, estas letras que forman esta imagen que se ha desprendido sin previo aviso de no sé donde y me ha dado en el pecho, no son mi sitio. Ni esto ni aquello es mi sitio.

* Paz, Octavio (1951), ¿Águila o sol? México. Fondo de Cultura Económica.

Nosotros continuamos con vida. A pesar del dolor de la prisa, de las horas que robamos a las que vendimos con nuestra alma, al deber de hacer y del no querer. A pesar de los días malos, seguimos aquí, sembrando todas las ganas que alimenten nuestra prisa, nuestras ilusiones y nuestras metas. Respiramos sólo por continuar soñando, por sostener entre las manos el algodón de las nubes por las que volamos. Nos levantamos cada día con un hambre voraz y el mundo nos cabe en el bolsillo del abrigo que guardamos en el perchero, pero llegará el otoño y lo sacaremos a pasear.

Todo sea por el milagro de la prisa.

Todo sea por las ganas de soñar.

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