La luz del Sur

La “flama”. Ese calor que trae el viento y se cuela por debajo de las cortinas.

Cruzamos jardines infinitos de girasoles tímidos, mientras sostengo la mano por fuera de la ventanilla, simulando el vuelo de un gran avión, que ha sobre volado un océano para aterrizar en medio de un paraíso.
Una mosca se esconde en la sombra de tu pelo, mientras conduces siguiendo un brillo, que provocan las cristaleras de la catedral de Santa Maria de Sevilla.

Abandonamos el asfalto por un momento, para dar un respiro al pequeño Jordi de cuatro ruedas.

La excusa perfecta para inhalar el aliento de ella, para sostenerla en mis brazos tostados, y posar encima de una tierra virgen de poetas, que persiguen estrellas a plena luz del sol.
Retomamos el camino, en el mejor momento del día, donde el café se posa en terrazas en la sombra, mientras buscamos nubes tímidas que se esconden de nosotros.

Ella descansa con los pies encima de la guantera, mientras yo persigo el sur en la brújula sin norte.

Reflexionamos del amor, comentamos nuestros recuerdos, describimos el color de nuestra infancia, nos reímos de cosas sin sentido, en medio de una carretera en la que nos perdimos y acabamos aparcando a escasos metros de nuestro destino.

 

Andrea Diligenti (2016).

 

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