Escapar

Hay días en que le ganamos la lucha al tiempo. Pequeñas victorias que nos engrandecen.

El verano en la ciudad es sofocante, el calor del asfalto, el aire gris irrespirable, las tediosas horas en el trabajo conforman un cóctel de melancolía en la luz que, para ser sincera, se empezaba a hacer insoportable. Suerte que exista siempre un camino de escapada aunque a veces nos parezca una posibilidad descabellada. Escapar no ha de ser una derrota, a veces es un triunfo sobre la monotonía.

Nosotros huimos tras el mediodía y fue cuando comenzamos a ganarle horas al reloj. Podría parecer una idea un tanto absurda, pero una idea necesaria. Una noche surrealista, una mañana de viaje. Tomamos la carretera y en el trayecto censuramos todas palabras rutinarias que detestábamos.

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Andrea Diligenti (2016).

Cadaqués no conocía la envidia, cualquier lugar querría ser como él, aunque tampoco él tiene algo que lo haga especial. Es de la misma simpleza que un reloj de arena y ése es su magnetismo, ralentiza el tiempo, se traga la luz, acuna a las aguas y libera al viento.

Bordeamos el camino de la costa en el que descansan sus casitas blancas, los barquitos, como una plaga, se mecían en la mar, las personas eran el murmullo jaleoso de la vida, el sol picaba la carne como artista con cincel. Cadaqués no tiene playa, sólo la ilusión de pequeñas calas integradas en su casco urbano. Con todo, el paisaje es de un romanticismo espectacular.

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Andrea Diligenti (2016).

No dejamos de andar, sin saber a dónde vamos a veces parece que el camino llega al final pero en la distancia aparece de nuevo un camino. Podríamos quedarnos aquí, sentarnos y acomodarnos pero nos gana la curiosidad por imaginarias maravillas. Y, ¡ahí está! No es nada pretencioso, sólo un cachito de hormigón sobre el mar, una pasarela para embarcar que recuerda a viejos sueños de piratas infantiles y a la espalda la imagen pictórica de un cala.

No puedo medir a ciencia cierta el tiempo. A veces un segundo me rejuvenece unos años, a veces un minuto es el silencio de las horas, a veces las horas son una eternidad. Pero el agua fría que se clava en el cuerpo, el sol que se la traga y calma, el sonido de olitas que se achuchan y se vuelven a achuchar, a veces sólo eso, abarca toda una vida de placer.

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Andrea Diligenti (2016).
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