Veintitodos

Me hicieron mi mejor fotografía apenas unos días después de nacer. Cualquier otra imagen de mí es un simple congelado del momento.

Con los moflete apoyados en el hombro materno y haciendo del pedazo de carne el lugar más seguro del mundo, mi madre me sostiene. A ella no se le consigue ver el rostro pero la posición de su cuerpo, la tenue luz de la temprana tarde de agosto colándose por las persianas y mi mirada, sentencian que aquél fue un segundo de calma.

Mis ojos desde la distancia cuentan que todo está bien, que la vida venidera será dulce, será buena, aunque me caeré y por las heridas brotará la sangre y en el lugar la carne cicatrizará y se hará más dura. Y tal vez, tú no estés presente en todos los tropiezos y en las miles de conquistas, pero sobreviviré para un día volver a contártelo.

Hoy me detengo de nuevo ante la imagen. Genuflexión del alma, la piel se me abre en canal y se despereza el recuerdo. Esta es mi mejor fotografía. Yo con la vida nueva, sin miedo, sin rencor, con la fuerza suficiente para aferrarme y la mirada dirigida al destino. Este ser diminuto que fui, lo mucho o lo nada que soy ahora de él. La más fiel, pura y sincera versión de mí.

13 copia
Papá (1987).
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