La muerte del verano

Incluso los cielos están de nuestro lado. Se cubren de algodón negro y amenazador, advirtiéndonos de que otro tiempo ha pasado. Pero nosotros ya rompimos todos los relojes y prendimos fuego a todos los calendarios, decidimos movernos en otra órbita algo más lenta, mucho más apasionada. Así que esta lluvia que se anuncia no nos intimida, de hecho, quisiéramos danzar bajo su húmedo abrazo. Y ante el tétrico panorama atravesamos caminos, playas y campos para finalmente asomarnos al acantilado, esperando la mano enamorada que nos empuje a saltar.

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Andrea Diligenti (2016).

 

No hace frío, tampoco calor. Es septiembre buceando en el mercurio del termómetro. Y las nubes continúan arropándonos cuando tú caes al vacío, después de desnudarte, después de haber dejado tu abrigo como una herencia sobre la piedra. Gritas, nadas y peleas por volver de nuevo a la tierra. Te veo sonreír en la lejanía de las olas, desde mis ojos, desde la lente de tu vieja cámara de fotos, desde mis pensamientos ahora en calma.

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Sara Deluis (2016).

Hemos llenado el suelo de luz y bajo el toldo comemos y echamos más vino en nuestras copas. Leemos en silencio. Rompemos la quietud con muy pocas palabras. La lluvia nos toma el relevo. ¡Por fin ese olor a tierra mojada, por fin otra vez el viento fresco! El sonido del agua es la nota románticas de unas pequeñas vacaciones. Nada podría ser mejor ahora que llueve. Nada. O sólo tus brazos bajo esta melodía. O un techo que es un árbol. O un cielo que se cubra y se desnude cuando se lo pidamos.

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Sara Deluis (2016).

El sol de nuevo. Y un bosque que huele a bosque, que se siente como un bosque, verdadero y verde; de árboles inalcanzables, cementerio de ramas, lecho de matorrales, hogar de ardillas juguetonas, remanso de paz para los poetas.

Somos pequeños exploradores, sin brújula ni mapas, sólo aire en los pulmones y el instinto de llegar.

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Sara Deluis (2016).

De pronto la tierra cede y ya no es suelo sino arena fina, blanca, suave y caliente, bañada en el Meditarráneo. La cala es un concierto de mareas, un espectáculo de peces valientes, un escaparate para el sol de la carne. La arena bajo nuestros cuerpos es la misma que cae pesada y fina sobre las horas de las ciudades a lo lejos; dormimos sobre ella mientras entierra fiera otros deseos, otros hombres, otros cuerpos.

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Andrea Diligenti (2016).

Los días son un tablero de ajedrez entre sol y sombra. Cada movimiento nos pertenece, es perfecto en su ejecución, es amor en una lata de conservas varada en medio de la naturaleza, en el campo, bajo las estrellas. Sólo nos falta la mano que nos destape.

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Andrea Diligenti (2016).
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