Contando las olas

De historias llenas el tiempo que pasamos con los pies al aire colgados en la punta del espigón. Admiro tu destreza de contar anécdotas con un tono tan dulce y embellecedor, que distrae hasta a los surfistas náufragos a la espera de un amor fugaz, un amor que durará un suspiro y que les rechazará al menor descuido.

Que el viento sea testigo y el océano cómplice de este momento, en el cual contamos las olas que rompen en la arena y perdemos el norte mirando al sur.

El barquero sale de su refugio a alta mar, con el motor a todo gas y la mirada en la línea horizontal. Ningún gesto de añorar la tierra ni de volver la mirada a su hogar, como si no tuviera reparo en adentrarse al océano a perderse en medio de un gran charco azul, a buscar escamas de plata en el agua y su alma rojiza del sol que fue ahogada y tirada por la borda del bote, con piedras en los bolsillos para ahogarse en lo más oscuro del mar.

Que nuestra risa a carcajadas rompa el silencio del paisaje, moleste a las gaviotas y despierte a la montaña del frente nuestro. Que nos da igual, nuestro tiempo en el espigón, con los pies ya fríos y la piel marrón, dejaremos de contar las olas cuando éstas dejen de contar historias.

Andrea Diligenti (2016).
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