De su aroma viene el recuerdo

De camino en el tren una mujer, de avanzada edad, con una piel suave y de rostro alegre, sacudió el abrigo que portaba, desprendiendo un olor que me ha recordado a un coche en el que viajé. Recorremos una carretera llana entre senos rocosos con árboles de adorno. Pese a no palpar la temperatura, el tono de las piedras y la puesta de sol delatan el calor que abrasa el asfalto por el que rodamos.

Mientras yo la observo por el retrovisor se nos presenta una puesta de sol que agarro y guardo en la mano, apretando los nudillos hasta ver las grietas en mis dedos para amoldarla como miga de pan.

Cojo aire y retengo los nervios en el estómago, miro el paisaje andaluz y la entrada por montes plagado de olivos, y a lo lejos la capital.

Es un viaje de placer para disfrutar del paisaje, la compañía, el buen beber y comer. Las amistades y las costumbres. La familia y los reencuentros, ponerse al día y explicar anécdotas. Y entre todo, lo especial del viaje, un mensaje de los últimos románticos, como diría ella, guardar un fin de semana para barbacoas y ver las estrellas dos noches seguidas de fiesta. Nos vamos a casar y queremos veros bajar por la carretera de Rascafría.

Es la última parada pero la mujer ya no está, le doy gracias por el recuerdo que me ha provocado.

Andrea Diligenti (octubre 2016)
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