Barcelona: helados y libros para una tarde de lluvia

martes, 8 de mayo.

El martes se ha convertido en nuestro nuevo día favorito, un día para disfrutar de nosotros mismos y de cuanto nos rodea: la ciudad, la casa, el mar, las voces, los silencios…

Hoy el tiempo prosigue su locura de las últimas semanas, cielos de lluvia entre nubes negras y sol que se enzarzan en una pelea continua donde a cada minuto resulta un nuevo vencedor. A pesar del desanimado disparate meteorológico y las advertencias de una vecina, salimos a la calle sin paraguas, sin miedo el agua, pues tenemos un destino fijado en la zona del cerebro reservada a los tercos. Cruzamos el inframundo urbano hasta Plaza Cataluña bajo un cielo amenazador y , sin perder el ánimo, rodeamos la manzana entre el bullicio de personas que colapsan el centro de Barcelona para entrar en la Librería Altaïr, una auténtica cueva del tesoro para viajeros. Fundada en 1979, es una de las más grandes de Europa especializada en viajes, antropología y naturaleza. Si estás en Barcelona, es una visita obligada, sólo cruzar el umbral de la puerta las vibraciones cambian, es un oasis de libros y silencio que se mezcla con la sensación onírica de las rutas y rincones del mundo que nos quedan por descubrir. Además en la planta subterránea hay un pequeño café muy agradable, y cuentan también con una pequeña agencia de viajes y un tablón donde intercambiar ideas o contacto con desconocidos que comparten sus experiencias.

Entre mapas y detalles exóticos, buscamos una guía para nuestro próximo gran viaje a Japón y yo caigo y me llevo un libro más, un cuaderno ilustrado que tenía muchas ganas de leer. Cuando salimos de allí ya ha comenzado a llover, así que cruzamos veloces la Gran Vía buscando asilo bajo un techo desde el que zambullirnos en nuestros nuevos libros. En Enric Granados, una mesita de mármol parece esperarnos en el pequeño hueco que ocupa la heladería DelaCrem.

Llegamos a ella un día por casualidad y ha sido uno de los mejores descubrimientos de la ciudad, la mejor heladería sin duda de Barcelona (y puede que del mundo). ¡Nos encanta este lugar! Desde que la descubrimos se ha convertido en cita obligada para las tardes de primavera y verano. Sus sabores naturales y cremosos, los cafés con bola de helado, el rincón que ocupa en el viejo Eixample. No es extraño ver largas colas en la puerta, pero la espera bien merece la pena.

Andrea toma un batido y yo un café con helado de pistacho para perdernos entre las páginas que nos acercan al lejano Japón, mientras fuera llueve con timidez. Este estrecho rinconcito del mundo nos acoge mientras el reloj transcurre hacia el ocaso. Cuando escampa, paseamos por las calles mojadas y disfrutamos de los grandes escaparates del Paseo de Gracia camino a casa.

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