Copenhague en el paladar

 

Copenhague ha sido una escapada en toda regla. Sin ruta, sin planes y con un sol más propio de junio que de abril para encontrarnos y perdernos en sus calles. Y si la capital danesa es famosa por sus tiendas de diseño y su espíritu hygge, nosotros nos las hemos, literalmente, comido. Porque hemos disfrutados de sus cafés y restaurantes como niños.

Ni qué decir tiene el buen gusto nórdico en la disposición de los espacios, el minimalismo hogareño con el que dan vida a cada rincón. Una vela, un jarrón con flores frescas, una lámina de arte contemporáneo. Cada detalle cuenta y eso nos cautiva. Nos han faltado horas para disfrutar de todos los pequeños establecimientos que nos robaron el corazón, pero aquellos en los que nos adentramos pasan a la lista de «lugares a los que volver».

  • Atelier September. 

Se trata de una casa donde varios artistas tienen sus estudios creativos. El café ocupa la primera instancia. Es pequeño pero cuidado. Apenas dos mesas largas de madera vieja y una pequeña barra bajo cada arcada de los dos ventanales por donde se cuela la luz. No tienen cocina. Los pequeños platos que sirven apenas necesitan elaboración. Toman los ingredientes (orgánicos) de las cajas que se amontonan junto al mostrador exhibiéndose con delicada sinceridad.

Aquí el café es intenso y viene en tazón XL. Andrea lo acompaña con una tostada de aguacate y cebollino que pide ser comida a gritos. Para mí un zumo de cítricos y tostada de pan negro con queso y huevo duro.

Seamos sinceros, es caro. Pero no hay lugar barato para comer en Copenhague, y comer con gusto no tiene precio. Merece la pena estar aquí aunque sólo sea por una vez.

 

  • Parterre. 

Llegamos por pura casualidad y nos encantó. Es un pequeño sótano con terraza haciendo esquina frente al canal de Christiania. Humilde y acogedor como su carta, es perfecto para un tranquilo descanso ya que, en su mayoría, los clientes son autóctonos trabajando con sus ordenadores portátiles. Probamos unos bollitos de pan de centeno elaborados con pipas de calabaza y almendras, acompañados de aguacate, perejil y eneldo. Porque si algo tiene la panadería danesa es variedad, y de todos los panes que hemos probado estos han sido sin duda los mejores.

  • The Union Kitchen. 

Al costado de unas de las calles más turísticas de Copenhague encontramos el Union Kitchen. A pesar de su localización, es asidua la clientela local y eso es siempre una muy buena señal. Habíamos leído acerca de sus populares albóndigas y, estando por la zona, no quisimos perder la oportunidad de probarlas. Tienen una carta combinada entre comida internacional con su particular toque danés. Con ingredientes orgánicos y una mixtura de ellos que no deja indiferente al paladar. De ambiente juvenil y gusto cuidado, es toda una recomendación para hacerse el guiri con buen gusto.

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  • Mother.

Una de las zonas más vivas para comerse Copenhague es el antiguo matadero, hoy reconvertido en pequeños locales donde es posible saltar de uno a otro y pasar el día descubriéndolos. Si tenéis suerte (como nosotros) y pilláis un día de sol, el ambiente es maravilloso. Las terrazas se llenan de gente y conciertos improvisados culminan el ambiente jovial y desenfadado. En Mother, nos decantamos por el bufé y así pudimos probar pequeñas muestras de varios de sus platos. Este lugar regentado por italianos, todo está elaborado con ingredientes ecológicos, sus pizzas (elaboradas con agua de mar) se hacen a fuego lento en horno de leña y siempre tienen opción vegana en el menú.

  • La Glace.

Siempre que viajamos a una nueva ciudad, hacemos una búsqueda intensiva de cafés y La Glace aparecía como primera recomendación en un sin fin de páginas, así que debíamos probarla. Se trata de la pastelería más antigua de Copenhague y, podemos dar fe, no ha perdido su esencia de tradición repostera en las seis generaciones que las han mantenido con vida hasta nuestros días. Probamos dos tipos de pasteles: Karen Blixen (mouse de café y trufa de mocca con avellanas tostadas sobre una base de chocolate) y la HC Andersen (una base de bizcocho de anís y nueces, mantequilla de frambuesa y mouse de limón), y los acompañamos con un riquísimo batido de chocolate natural.

 

 

 

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