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Cuando te sientas a organizar una boda entras en un mundo extraño, de más, más y más, lleno a veces de desparrame y sinsentidos. Nuestra intención desde el principio fue construir algo sobre la sencillez y creednos que nos ha costado bastante trabajo mantenernos en esta línea. Todo el mundo tiene grandes cosas que ofrecerte para un día tan espacial y tratan de llenar hasta el último mililitro de aire de estúpidas ideas. Quizás hemos dicho demasiadas veces que no pero nuestro tótem ha sido siempre lo natural y lo hecho con amor.

Así elegimos el lugar y la fecha, a pesar de que parece estar alejado de toda vida humana y en él existe un microclima siberiano. Sí, sabemos que en noviembre hará frío en Rascafría (rasca-fría) y nos encanta; una verdadera boda de otoño, en el campo, al aire libre. Y estamos seguros de que no existe un sitio más espectacular para forjar nuestro amor que la finca Prados Riveros, porque hicimos un buen estudio de todos los caseríos de España y en seguida supimos que ése sería nuestro lugar.

Pusimos especial mimo en elaborar nuestra lista de invitados, conscientes de que las personas que nos acompañen sean las verdaderamente importantes. Una boda pequeñita y familiar, un encuentro de tres días para acercarnos, para compartir y celebrar. Un momento, en definitiva, para querernos.

Valoramos sobre todo, el amor que cada uno de los proveedores con los que contamos pone en su trabajo. Catering, músicos, fotógrafos… todos ellos nos han abierto su corazón, las puertas de su vida, con cariño, con ideas y consejos. Y sentimos todo su humano esfuerzo como un abrazo y un impulso. Mil gracias.

Pero hoy, en especial, queremos hablar de Carol, con ella diseñamos nuestras invitaciones y tuvo el don de entender nuestro estilo y plasmar a la perfección sobre el papel todo cuanto queríamos.

Las invitaciones comenzaron siendo una pequeña odisea. Como todos, cogíamos ideas de pinterest, visitamos algunas ferias y buscábamos por páginas especializadas. Sabíamos a la perfección lo que no queríamos: una de esas cartas tradicionales con los nombres de los padres en las esquinas superiores y un texto tediosos y mil veces releído. Buscábamos algo que nos representara a nosotros pero también el lugar donde sería. En una de estas primeras ferias encontramos a Martina, hablamos con ella de muchas ideas, estábamos emocionados porque creímos que nos entendía, pero acabó por tratarnos un poco mal y se desentendió. Entonces nos dimos cuenta de que tal vez, lo que buscábamos estaba detrás de una relación más personal, de alguien sin ideas preconcebidas pero con la especial sensibilidad de hacer bello lo más sensible. Fue entonces cuando pensamos en Carol y en cuanto le propusimos la idea aceptó con la mayor ilusión.

Empezamos una cadena de emails, ideas, bocetos, fotografías y colores que se extendió durante un par de meses. Ver todo aquello sobre el papel, en nuestras manos, fue como un pequeño milagro. La imaginamos dibujando con cariño en sus estudio, poniendo toda su ilusión, mientras nosotros nos sorprendíamos con lo que nos enviaba. El día que fuimos con Mireia a la imprenta y allí aprendimos el proceso por el que pasarían las invitaciones hasta ser tangibles, aquella forma de hacer que parece perderse, fue una experiencia fabulosa que tuvimos el placer de vivir y que a la mayoría de las parejas se les escapa. El momento en que encontramos los sobres idóneos, hechos a mano, con tanto amor. De algún modo todo el Universo se confabuló o lo confabulamos nosotros para que de unas simples tarjetas acabásemos viviendo una gran experiencia, tanto artística como humana.

Para el diseño de las invitaciones (igual que para la trueromance date), nos basamos en la película Moonrise Kingdom. La idea era elaborar un mapa con los elementos más característicos donde nosotros éramos los protagonistas. Dos puntos de salida: Jaén y Barcelona; un lugar común: nuestro campamento de amor.

En el reverso, Carol dibujó un fotograma de la película donde incluimos nuestros nombres y la fecha. De otro lado, una invitación y las coordenadas. Una pequeñita obra de arte que nos ha hecho muy felices por la calidad de su resultado pero, en especial, por todo lo humano que hay tras ella.

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Love Born

Nos cruzamos con tanta gente a lo largo del día, caras anónimas que van y vienen. Y gracias a las nuevas tecnologías nos cruzamos con muchas más por los mares de Internet, rostros lejanos que se nos hacen familiares, conocidos silenciosos, pequeños amigos imaginarios.

Así conocimos a Joy. Gracias a Instagram comenzamos a seguir su trabajo, fotografías de amor de personas, lugares y cosas, con un aire de anhelo costumbrista que nos conquistó. Y gracias a él conocimos Sttilophoto y desde ahí a Juanlu. Hasta que un día, toda esa atmósfera de conocidos remotos difuminó su distancia para emprender un pequeño viaje entre las calles viejas del Borne. Todo un placer.

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Love Born

Cazadores de recuerdos

Hay mucha gente bonita haciendo cosas increíbles y todos están ahí, pululando por el mundo, tal vez pasean a nuestro lado, son nuestros vecinos o simplemente la imagen que se nos devuelve en la finitud de un vagón de metro. Gente corriente haciendo cosas extraordinarias.

Para nosotros, que creemos en la magia de la fotografía, en el arte de capturar momentos y convertirlos en recuerdos tangibles, la búsqueda de fotógrafos para nuestra boda ha sido toda una expedición por blogs e Instagram(es). Por eso, podemos decir que existen verdaderos cazadores de instantes para el recuerdo, capaces de crear un cuento de los elementos más cotidianos, capaces de hacernos viajar por el maravilloso mundo de la memoria, capaces de capturar el sentido de los instantes más especiales.

Lo que viene a continuación no es un lista a modo publicitario, porque ni siquiera lo necesitan, su trabajo habla por sí solo. Es la justa necesidad de compartir toda la belleza que la mirada adecuada es capaz de capturar.

Días de vino y rosas

 

The creative shot

 

True Romance

 

Sttilo Photo

 

Caleidoscopio

Cazadores de recuerdos

Encontrar el lugar

Salimos a oscuras y en secreto una mañana de octubre. El sol nos alcanzó en Despeñaperros. La carretera, la radio, la conversación. Cruzamos una mitad de la península hasta rodear nuestra ciudad de ensueño, donde el paisaje se transformó. El asfalto se hizo cada vez más estrecho y en la subida, mientras aminorábamos la velocidad, el aire puro de la sierra se colaba por el rescoldo de las ventanillas.

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Sara Deluis, 2016.

Los paneles informativos nos indicaban la altitud sobre un mar que quedaba lejos. «Navacerrada», «La granja de San Idelfonso» y los pinos nos tragaron en su enorme boca de montaña. Era una mañana de otoño templada. Cuanto más avanzábamos, más nos emocionaba el cuadro vivo que se desplegaba frente a nosotros. Las curvas eran ondas de una melodía folk. El sol se encendía y apagaba con presura tras cada tronco esbelto y firme.

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Sara Deluis, 2016.

Llegamos a El Paular y mientras esperábamos, paseamos entre el claustro de su monasterio. Sólo el coro de los pájaros rompía el silencio de la sierra. Apenas unos minutos más tarde seguíamos a Jorge hasta su finca.

Un camino de árboles perfectamente alineados nos recibía. La casa se hacía pequeña entre la inmensidad del campo. Primero un bosque techado de ramas y un prado abierto al mundo, sueño de caballos salvajes y zorros inquietos. El suave viento nos empujaba a explorar cada rincón, para descubrir a nuestra espalda la estampa única y segura que se convertirá en testigo de nuestro amor.

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Andrea Diligenti, 2016.

Porque es cierto eso de que cuando lo descubres ya no hay nada más y para nosotros aquel puñado de árboles, antesala de un inabarcable prado y decorado como a propósito por algún pintor naturalista exaltador de la más sublime belleza, es sin duda, el lugar donde el próximo otoño nos daremos el «sí, quiero». Y haremos así de un lugar, el más bonito de los recuerdos; y de la infinitud, un trocito de algo muy nuestro.

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Andrea Diligenti, 2016.

 

Encontrar el lugar