Duane Michals: un paraguas para el alma

Amanece gris en el día de mi cumpleaños, el aire es demasiado fresco para esta mañana de agosto. Llueve, es un bonito regalo. Desayuno en soledad disfrutando del acontecimiento tras el ventanal. En seguida llegan las sorpresas, las risas y los abrazos, y tras ellos, las ganas locas de salir a la calle, de disfrutar de este día tan melancólico y feliz.

Aún llueve cuando tomamos el autobús que cruza la Gran Vía. De camino, por el parque, los periquitos juguetones se bañan en los charcos. Nos resguardamos bajo nuestro único paraguas. Subimos por la Rambla y tomamos la primera calle a la izquierda. A pocos metros, buscamos refugio en la Casa Garriga i Nogués, sede en Barcelona de la Fundación Mapfre, y en unos minutos estamos al calor de las fotografías de Duane Michals.

La muestra recoge un ejemplo de su obra, o de su vida, que viene a ser lo mismo. Michals, trató siempre de buscar historias detrás de la fotografía, de sugerir un mundo metafísico mucho más que de buscar la realidad plasmándola en sales. Fiel seguidor de pintores como De Chirico, creó secuencias como pequeños relatos a los que a veces acompañaba de texto, construyendo nuevos mundos como tímidas habitaciones del ser. Y ante ellas nos encontrábamos nosotros, sintiendo cómo el objetivo había atravesado la carne y el alma, sintiendo fascinación por el modo de hacer poesía con el simple movimiento de un dedo. Atrapados, heridos, cómplices.

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Duane Michals: un paraguas para el alma