Duane Michals: un paraguas para el alma

Amanece gris en el día de mi cumpleaños, el aire es demasiado fresco para esta mañana de agosto. Llueve, es un bonito regalo. Desayuno en soledad disfrutando del acontecimiento tras el ventanal. En seguida llegan las sorpresas, las risas y los abrazos, y tras ellos, las ganas locas de salir a la calle, de disfrutar de este día tan melancólico y feliz.

Aún llueve cuando tomamos el autobús que cruza la Gran Vía. De camino, por el parque, los periquitos juguetones se bañan en los charcos. Nos resguardamos bajo nuestro único paraguas. Subimos por la Rambla y tomamos la primera calle a la izquierda. A pocos metros, buscamos refugio en la Casa Garriga i Nogués, sede en Barcelona de la Fundación Mapfre, y en unos minutos estamos al calor de las fotografías de Duane Michals.

La muestra recoge un ejemplo de su obra, o de su vida, que viene a ser lo mismo. Michals, trató siempre de buscar historias detrás de la fotografía, de sugerir un mundo metafísico mucho más que de buscar la realidad plasmándola en sales. Fiel seguidor de pintores como De Chirico, creó secuencias como pequeños relatos a los que a veces acompañaba de texto, construyendo nuevos mundos como tímidas habitaciones del ser. Y ante ellas nos encontrábamos nosotros, sintiendo cómo el objetivo había atravesado la carne y el alma, sintiendo fascinación por el modo de hacer poesía con el simple movimiento de un dedo. Atrapados, heridos, cómplices.

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Duane Michals: un paraguas para el alma

Acercamiento a Renoir

Me abruma a veces la nostalgia por aquella enciclopedia que de niña consultaba. Hoy todo parece más sencillo y distante, con sólo teclear un nombre en el buscador, se despliega ante nosotros todo un mundo de información (y ojo, también de desinformación). Ahora pienso en cómo habría descubierto a Renoir de aquella forma. En una tarde de luz clara que ilumina el salón por sus tres ventanales enrejados, me habría acercado hasta el mueble, hubiese apoyado mi infantil barbilla en la vieja madera y buscando con la mirada el tomo perteneciente a la letra r. Pero me quedan demasiado lejos las hojas manidas y alfabéticamente ordenadas. Me quedan lejos en el tiempo y las circunstancias. Hoy estoy más cerca del mismísimo Renoir que de su propia definición.

Hundo mi mente, a través de las pupilas, en los cuadros que la Fundación Mapfre exhibe en el palacete de la calle Diputació. Un recorrido por sus obras más femeninas, por el delicado universo del autor y la mujer retratada, por el genio del impresionismo y sus musas.

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Andrea Diligenti (2016)

Tomo algunas notas en mi libreta: «búsqueda de la feminidad a través de lo cotidiano», «mujer culta, soñadora, mórbida, vital, sublime». Me detengo frente a cada cuadro para descubrir de qué manera la mujer se convierte en un objeto más de la naturaleza, en un claro de luz y en el color mismo de la hierba. El impresionismo yéndose de excursión al campo, entre unas flores ilusorias que se crean nítidas y perfectas en mi cabeza. La representación de los pequeños placeres, de la felicidad misma palpándose en la esencia de la imagen. Podría cortar el aire de jovialidad y el sentido escénico del «Ball du Moulin de la Galette». La vida misma representándose en miles de colores. Las formas, la piel rosada, los ojos cristalinos, el destello de una mirada.

Y así, sin enciclopedias ni pantallas de por medio, imagino a Renoir con sus pinceles frente al mundo, frente a un lienzo aún en blanco. Le imagino imaginando lo que podría imaginar yo frente a sus cuadros, desconocida del futuro queriéndose acercar a su idílico pasado.

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Andrea Diligenti (2016)
Acercamiento a Renoir