Nuevo credo en el amor

Amor, ya siento al otoño mordiéndome los pies y sobre mí, el resguardo de las grises nubes. Las habitaciones de esta casa poco a poco se han llenado de voces y a través del ventanal, fraccionado en tantos cristales, el bosque nos guiña sus mil ojos de colores. El día es ocre, verde, húmedo y lento, los pájaros arrastran su trinar de un árbol a otro, mientras hay ciervos pastando en lugares secretos.

Amor, qué pena que haya aún quien no te entienda, quien ponga barreras a tu calor inmenso.

Qué pena mi amor, qué pena, porque yo quisiera vivir en la eterna alegría de este día. Y abrazarte para siempre cuando abrazo su cuerpo, y ver tu verdad sincera cuando miro sus ojos.

Amor incomprendido en las horas que corren. Amor menospreciado y tantas veces deseado. Yo quisiera decirle al mundo que eres la mano invisible que empuja la existencia humana. Eres la fe, la esperanza, la felicidad, las ganas, la ilusión, el impulso, la valentía, el germen, el final, el principio.

Amor qué pena que haya aún quien no te quiera y yo me abra en canal el cuerpo para que entres en él sin miramientos. Y así, en este mes viejo, rendimos homenaje a los románticos que ya se fueron con un aullido de nuevo credo. Pero tú nos devuelves mucho más, algo que supera todos nuestros sueños. Nos regalas el día más bonito que jamás ha visto el hombre. Nos regalas este cuatro de noviembre que se nos escapa y se desborda por la amplia comisura de nuestros labios, por la luz de nuestros ojos, por el palpitar de muchos corazones.

Amor,

Amor,

(…)

dospoetas-3
True Romance (2017).

 

 

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Nuevo credo en el amor

La oscilación

Andrea Diligenti (2016).

Algunas cosas parecen sencillas y no lo son, como mantenerse a flote cada día.

Uno se empeña en llegar a ese lugar utópico que llamamos equilibrio y tras su rastro avanzamos por raíles viejos y oxidados que van desde los sinónimos hasta los antónimos, desde la luz a la oscuridad, de un punto cualquiera hacia sus equidistante, como lo hace un péndulo.

Cada uno de nosotros tiene una batalla que librar, muy lícita, muy nuestra. Y apenas despunta el sol en la mañana, apretamos las manos contra la piedra elevándola, día a día, hasta la cima de una montaña para verla desde allí caer, noche tras noche. Porque no tenemos más herencia que la condena de Sísifo, así que dejadme decir algo: la oscilación mantiene a flote el barco.

La oscilación