La brecha de las horas

Siempre hay un delicado soplo de aire en los mundos imaginados de mi mente. El lugar hacia donde escapo es un espacio que ya se ha pisado, un instante conquistado en la guerra universal del tiempo siempre apresurado.

Hay una brecha entre las horas fatigosas de la no poesía y la cotidianidad de admirada poética. Entre la vida mecánica del humanoide urbano y la etérea ligereza de las almas libres. Y sobre ella salto como niña sobre una cuerda, de un extremo a otro de la baldosa que se va haciendo más fuerte con cada impacto.

Hay un vuelo sincero y necesario, corredor entre escenarios.

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La brecha de las horas

Las tres mujeres que me arroparon durante el invierno

Guardo algunos jerséis en el cajón y pongo una lavadora de mangas cortas. Gira, canturrea, centrifuga. El sol araña los cristales como reviviendo la vieja violencia del verano. Abro una ventana más por la que se cuela el aire, húmedo y sucio de la ciudad, caballo corredor por los pasillos. Mientras apuro el día y las últimas letras de la estación del frío, Gloria se va convertida en árbol, convertida en libro. Y es que desde que descubrí la intención de Blackie Books de publicar una antología poética de Gloria Fuertes, moría de ganas por tenerla entre mis manos. Poco después apareció bajo mi almohada para ser devorada.

El libro impresiona por su belleza; un compendio de poemas, fotografías, conversaciones, dibujos y rarezas que como bien advierte Jorge de Cascante (artífice de esta maravilla) no es sólo un libro, es una persona. «El libro de Gloria Fuertes. Antología de poemas y vida» es una selección de escritos, de momentos, de anécdotas, formas de ser y de sentir. Es Gloria eterna, hablándonos desde la distancia de una perspectiva que hasta ahora le había negado el amor que se merecía. Esta edición era algo necesario, no sólo por la memoria de Gloria y su legado, sino por lo mucho que nos descubre sobre la vida.

Poema que luego no podré escribir. 

Cuando no tenga nada que catar

más que la tierra,

que un hombre rudo me dé la cucharada

(de oficio enterrador), la paletada,

aún con la boca llena de tierra,

seguiré recitando enamorada:

Te quise y aún te quiero todavía,

toda viva te amé,

y hoy toda muerta

el timbre de mi voz

llama a tu puerta.

Lo siento, soy así,

algo pesada.

Íntimo y desgarrador es también el «Diario de Frida Khalo. Un íntimo autorretrato», que llegó el pasado otoño, volando desde San Sebastián. En el pasar de sus páginas, llenas de color y furia viva, se tiene la sensación de estar colándose en lo más secreto de Frida, en su alma, en su pensamiento. Páginas de color y furia donde describe todo lo que le conmueve, alegra o asusta, sus días de enfermedad, sus ganas de vivir, su amor loco, su fe ciega en Stalin, su redención a Diego. Reflexionando desde lo más nimio a lo más trascendental. Es un libro no para conocer, sino para sentir a Frida.

Yo quisiera poder hacer lo que me dé la gana detrás de esta cortina de «la locura». Así: arreglaría las flores, todo el día, pintaría, el dolor, el amor y la ternura, me reiría a mis anchas de la estupidez de los otros y todos dirían: ¡pobre! Está loca.

Conforme me adentraba en la obra de Ana María Matute me preguntaba por qué la llamó «Luciérnagas». No os lo diré. Todo se nos revela en el camino, verdadero y puro, aunque no por ello bonito; el horror también se muestra violentamente sincero. Su historia nos traslada de nuevo a la Guerra Civil pero desde una perspectiva limpia (quizás desde su propia perspectiva), donde los bandos no son bandos, sino personas. Mostrándonos la lucha por la vida, mísera, rastrera, embustera y triste, pero la lucha. La pelea infatigable por sobrevivirnos unos a otros, por encontrar nuestra pequeña parte del mundo. Y en medio del gris caos que se genera el propio hombre impidiéndose salir, la vida misma siempre llena de luz, de esperanza, de días mejores y nuevos, de camino para seguir. Un cuento horriblemente hermoso de Matute haciendo equilibrismo entre lo absurdo y lo metafísico del hombre.

He visto cómo las cosas acaban y no vuelven. Yo soy de los que han de empezar todos los días, todos los días…

Y así fue como estas tres mujeres me arroparon el frío durante el invierno.

Sara Deluis, 2017.
Sara Deluis, 2017.
Las tres mujeres que me arroparon durante el invierno